¿QUÉ NOS OBSESIONA DE BACKROOMS?

Por Hidalgo Neira
La opera prima de Kane Parsons se convirtió en un fenómeno de taquilla a nivel global y este «meme» que nació del foro 4chan, apenas es la punta del iceberg de lo que a futuro podría ser una franquicia multimillonaria, pero ¿realmente qué es lo que gusta de este mito que resulta tan inquietante?
¿Cuándo fue la última vez que estuviste en un aeropuerto? ¿Recuerdas cuánto ha sido el tiempo máximo que has estado en una oficina o área de trabajo? ¿Qué piensas cuando transitas los pasillos de un hospital semivacío a mitad de la noche?
Si has vivido alguno de estos escenarios ¿te ha dado miedo?, ¿te has sentido en angustia?, ¿hay algo de estas atmósferas que te resulte perturbador?
Estos y más lugares, se distinguen por ser muchas veces anacrónicos, atemporales, incluso se les considera como inmuebles de paso, y como seguramente ya tienes en mente, estos espacios liminales, son relativos a Backrooms, la sensación del thriller psicológico de este 2026.
La primer película de Kane Parsons fue hecha con 10 millones de dólares (MDD) y llegó a casi 400 MDD en el boletaje vendido a nivel global. Este fenómeno cinematográfico que inició con una imagen publicada en internet hace más de veinte años, apenas comienza en Hollywood.
Pero antes de entrar a las terminologías de 4chan, las especulaciones creepypasta y cómo es que Parsons hizo sus cortometrajes en YouTube, ahondémonos en entender, qué son estas zonas atemporales y si es que hay una justificación real para tenerles alguna aversión.
Porque pareciera que el contemplar un área inmensa, sea cerrada o abierta, nos incomoda ¿cierto? Como si eso que visitamos (aunque sea visualmente) por resultarnos desconocido en un inicio, habría que tenerle miedo… como la profundidad del mar, un bosque en silencio o tal vez un desierto donde nada se ve a decenas de kilómetros.
¿Qué es un espacio liminal?
La palabra limen (válida en español) viene del homónimo latín, y tiene por definición «umbral» y en la Real Academia de la Lengua Española también se le añade: Paso primero o entrada al conocimiento de una materia.
La liminalidad se estudia en la antropología desde inicios del siglo XX, el concepto fue acuñado por Arnold van Gennep y después retomado por Victor Turner.
Van Geneep, quien fue folclorista, etnógrafo y antropólogo, describió en el ensayo Les Rites des Passage (Los ritos de paso) que es cuando una persona transita de un estado físico o mental a otro (Punto A → B), se identifican tres etapas: separación, estado liminal, y asimilación; esto lo publicó en 1909.

Posteriormente en la década de los 70, su colega Turner en Reino Unido abundó en esta teoría, explicando que la liminalidad es fundamental para entender diferentes etapas de desarrollo emocional en los individuos, ya que, durante este periodo, en el que se pasa por el “umbral”, las personas pueden dejar de pertenecer a su estado anterior, al presente, o al futuro, es una especie de limbo mental.
Regularmente cuando una persona se encuentra en este punto intermedio y su destino final, requiere de apoyo de quienes han estado en esta posición anteriormente, para completar su transición, ejemplos de esto sería el comenzar en una nueva escuela, nuevo trabajo, casarse o divorciarse, e incluso migrar a un nuevo hogar, (información parcialmente recopilada de acuerdo al artículo de Janine Ungvarsky, publicado en EBSCO Information Services).
Esta idea mental de liminalidad se ha trasvasado en la contemporaneidad a lo físico, a los lugares que recorremos, pasó de ser solo un “espacio” de pensamiento, a algo que es material, pero… ¿Por qué esto se ha vuelto parte de la psique recurrente en la sociedad y además asociado a algo que puede causar inquietud o ansiedad?
Cuando llegó el confinamiento en 2020, sabemos que literalmente el mundo social se detuvo, millones de personas se refugiaron en sus hogares y esos espacios que antes eran de continuo tránsito diario, o eran utilizados constantemente, dejaron de tener un propósito, estuvieron durante casi un año inertes, sin vida, volviéndose un limbo, un espacio liminal.
Plazas comerciales, calles, avenidas, incluso supermercados, cines, parques, hoteles y oficinas, se hicieron un lugar de transición, los invadió y habitó nuestra liminalidad inconsciente.
«Durante la pandemia, permanecimos en suspenso entre cómo eran nuestras vidas antes de que el virus respiratorio recorriera el mundo y (especulando) cómo será la vida después. Muchas personas han dicho que, si tan solo hubieran sabido cuándo terminaría, habría sido mucho más fácil sobrellevarla» explica Theodora Blanchfield en su artículo The Psychology Behind Liminal Space en verywellmind.com
Es por ello que, tal vez inconscientemente hay una cierta fascinación por estos lugares, y como el COVID-19 se asocia a un periodo negativo, es que los espacios liminales nos resultan ahora, tan desconcertantes, una vez que han vuelto a ser habitados o visitados, pero bajo otra percepción.
Además tenemos que tomar en cuenta, que estos sitios en su mayoría, eran inexistentes hace menos de un siglo, el corporativismo nos ha acinado a cubículos y escritorios reducidos, sometiéndonos a altos niveles de estrés, la modernidad y el capitalismo nos están cambiando también la psique de nuestro entorno, llevándonos a un estado emocional de constante duda, angustia: ¿acaso tendré suficiente dinero para el retiro?, ¿cómo voy a sobrevivir la quincena?, ¿podré comprarme una casa?
Pasamos de vivir en la campiña, haciendas o residencias, a pequeños departamentos en torres brutalistas con decenas de niveles, y cada lugar habitacional apenas cuenta con lo esencial; nos transportamos en metro, transporte público o autos de tamaño diminuto; nos sometemos a jornadas laborales extenuantes, que al final del día, solo nos siguen entregando mayor incertidumbre, un limbo más grande, un espacio liminal mental al cual enfrentarnos.
Mientras allá afuera, siguen esos aeropuertos, puentes o carreteras solitarias, o incluso tiendas departamentales en decadencia, o ciudades completamente abandonadas como Chernóbil, nos llenamos de liminalidad física, sin hacernos conscientes de ello.
Pero, ¿dónde entra Backrooms en todo esto? Estamos a punto de descubrirlo.
El origen del meme y la historia detrás del mito
Luz amarilla, paredes con un papel tapiz beige de un dibujo que resulta indiferente, alfombra café y cubículos o habitaciones con la a de colores, que están completamente vacías, donde bien podría haber habido una oficina de una inmobiliaria, un centro telefónico, o una empresa computacional, pero eso, cada quien podría imaginárselo en su cabeza.

Esa es la atmósfera que Kane Parsons nos presenta en su película de este 2026, sin embargo él no ideó este ambiente que a varios les podría resultar siniestro, todo se remonta hasta hace más de 20 años, en Wisconsin, Estados Unidos.
En 2002 Robert Magritz, mejor conocido como “Bob Mazza”, adquirió un inmueble ubicado en la calle Oregon con el número 807, en Oshkosh, Wisconsin para reubicar su negocio, que está enfocado en el modelaje a escala y diversos pasatiempos de ocio.
El local en cuestión era una vieja mueblería, llamada Rohner’s, y que operaba al final de la década de los 70, y en su segunda planta, tenía un área de demostración con juegos de sala, comedores y demás aditamentos para el hogar.
Cuando Mazza llegó, solo quedaba el cascarón de aquello que alguna vez simulaba ser un espacio habitable, pero todo aquello estaba al borde de la descomposición.
«Había una alfombra color turquesa, una de color rosa, linóleo por todo el lugar, había humedad, fue un edificio que nadie quiso durante muchos, muchos años»
explicó el ahora propietario en entrevista para WTAQ Morning News with Matt and Rob en 2024.
Para iniciar la remodelación, Mazza tuvo la increíble idea de documentar todo el proceso, tomando fotografías con una cámara digital, y esto lo subió al sitio web de su negocio de automóviles y aviones a escala.
Y ahí, fue colocada la icónica foto por todos ahora conocida, que luego llegaría hasta 4chan, foro en línea donde han surgido cualquier cantidad de mitos, historias urbanas y demás leyendas del internet.

«No recuerdo si la pude haber tomado yo o uno de mis mejores amigos, era mi mano derecha al que le podía decir si me acompañaba a hacer estas locuras de renovación, iba a estar ahí, y fue el gerente de la tienda, él me acompañó durante dos años para hacer estas reformas, y él era el encargado del sitio web» agregó Mazza en su entrevista.
Sería hasta 8 años después que de forma anónima, la fotografía llegaría al sitio web, pero hasta 2019 fue que otro usuario sin nombre, hizo la famosa publicación, en la que añade un toque de horror.
«Si no tienes cuidado y te sales de los límites de la realidad —haciendo noclip— en las zonas equivocadas, acabarás en los Backrooms: un lugar donde solo reina el hedor a alfombra vieja y húmeda, la locura del color amarillo monocromático, el incesante zumbido de los fluorescentes a máxima potencia y unos seiscientos millones de millas cuadradas, aproximadamente, de habitaciones vacías y distribuidas al azar donde quedarás atrapado.
Que Dios te ampare si oyes algo merodeando cerca, porque ten por seguro que esa cosa ya te ha oído a ti», describía la cita junto a la fotografía tomada por Mazza, que en ese momento se desconocía su posible autoría y del origen de la imagen.
Como esto cada vez fue creciendo conforme el tiempo, y replicado y copiado por el ciberespacio, el término de Backrooms quedó asentado y se convirtió en una creepypasta, una historia de horror urbana, de la que poco a poco se olvida o se pierde su origen, y el mito se volvió una inmensa bola de nieve.
Al día de hoy, Mazza recibe montón de curiosos en su establecimiento que desean la selfie del recuerdo, pese a que ya no existe este espacio liminal ahora inmortalizado por Parsons, y el propietario recuerda que cuando se enteró por primera vez del furor que había causado la fotografía, fue en una llamada telefónica, que le resultó desconcertante.
«Le hablaron a mi esposa en el auto cuando íbamos a casa, preguntaron por mi y le explicaron acerca de eso (los backrooms) y entonces fuimos a internet y encontramos lo que estaba sucediendo»
narró el hombre de tercera edad.
Desde que la fotografía se ha vuelto viral, nadie ha reclamado la autoría del texto que le acompañó, y la idea de los Backrooms ha inspirado no solo al largometraje de Hollywood, se han producido videojuegos amateur, otras imágenes que replican espacios similares, incluso antes del auge de la Inteligencia Artificial y por supuesto, los cortometrajes hechos por Parsons.
La liminalidad en la ficción
La realidad supera a la ficción por lo general, en la mayoría de los casos, o lo que comienza siendo realidad, luego pasa al terreno de lo ilusorio, y esto es lo que ha sucedido con las áreas liminales, al menos en las vertientes audiovisuales o cinematográficas.
Una referencia ineludible es el Hotel Overlook, que apareció retratado en la película El Resplandor de 1980, adaptación (casi libre) por parte de Stanley Kubrick, de la novela homónima de Stephen King.

El autor que ya había publicado Carrie y El Misterio de Salem’s Lot, ubicó sus historias en su natal estado de Maine, pero él quería un cambio para su narrativa, dejar atrás su casa para inspirarse de forma diferente.
Tomó un atlas de Estados Unidos y en modo aleatorio, apuntó a un destino desconocido: el estado montañoso de Colorado.
El 30 de octubre de 1974 se hospedaría con su esposa en el Hotel Stanley, pero algo les sorprendió, de forma sumamente particular: «Cuando llegamos, se estaban preparando para cerrar por la temporada (de invierno) y nos encontramos como los únicos huéspedes del lugar, con todos esos pasillos largos y vacíos» explicó el autor al editor George Beahm, en la guía literaria The Stephen King Companion publicada en 1989.
Una noche de estadía en el hotel fue suficiente para que el escritor tuviera la idea en concreto de escribir El Resplandor, y cuando Kubrick tomó el libro, ya conocemos el resto de la historia que hizo el filme en Hollywood.
Los laberintos congelados del jardín del Overlook, donde sucede la escena cumbre del largometraje, nos dejan un final inquietante, pero ¿acaso esto será por el paralelismo o metáfora mental de lo que serán nuestros propios recovecos cerebrales con la liminalidad?
En tiempo más presente, Apple TV ha traído una serie que nos hace cuestionarnos la forma en cómo mentalmente separamos nuestra vida cotidiana de lo laboral, y precisamente es ahí, en el cerebro, que estos pasillos y espacios mentales, se vuelven laberínticos, con Severance.
Dan Erickson, quien creó esta narrativa audiovisual, tuvo la idea justo en un periodo de depresión, cuando trabajaba para una fábrica de puertas, en un trabajo de oficina, después de que había terminado su maestría en escritura para televisión.
Fue este empleo repetitivo y extenuante, el que le detonó para salir de la monotonía y crear esta atmósfera laboral liminal, donde Mark S. solo conoce a sus compañeros de trabajo dentro de ese espacio, pero cuando sale al exterior, él es una persona (literalmente) completamente diferente, porque no recuerda quien es ahí dentro, con quien convive o qué hace en la empresa Lumon.
Cuando la serie dirigida por Ben Stiller entró en producción, Erickson se reunió con el diseñador de set, Jeremy Hindle, quien le pidió que dibujara las instalaciones de Lumon, el resultado fue asombroso.
«Recuerdo que me dijo: "Tómate una copa de vino, siéntate y simplemente da rienda suelta a tu imaginación; dibuja algo". Así que, básicamente, dibujé un laberinto enorme y absurdo.
Pero tenía razón: fue muy útil tenerlo, aunque no fuera una representación exacta de lo que realmente aparece en la serie. Hay aspectos conocidos y otros desconocidos sobre lo que hay en ese lugar. Sé cuál es el propósito de todo el plantel de empleados con la memoria escindida, qué intenta hacer la empresa y cuál es el plan maestro al respecto. Pero también queríamos dejarnos margen para experimentar a medida que avanzábamos»
platicó el creador a @Thrillist en 2022.
Stiller junto a Hindle y Erickson, estudiaron a fondo la arquitectura brutalista y el diseño de interiores de la era soviética de los 80, además de prestarle atención a las fotografías de oficinas vacías de Lars Tunbjörk y Lynne Cohen, y así perfeccionaron el aspecto minimalista de lo que se ve a cuadro y resulta inquietante.
Pero la liminalidad también lleva décadas presente en los video juegos, esto se puede ver en la franquicia de Silent Hill iniciada en 1999, donde el protagonista Harry Mason llega a este pueblo homónimo, en el que parece no suceder nada y por ello, todo es apabullantemente abrumador, su calma esconde un terrorífico pasado.

Una escuela vacía, un hospital abandonado, una capilla solitaria, calles desiertas, todo aderezado con niebla y una agua nieve que cae lentamente, son los escenarios que construyen este juego de horror, que ha sido un hito desde entonces, porque de día hay cierta tranquilidad, pero cuando suena una sirena de alerta, todo cambia a una atmósfera oscura, llena de criaturas y monstruos que nadie quiere enfrentar.
En juegos subsecuentes, Silent Hill cada vez se presenta más liminal y siniestra: un centro comercial, un parque temático con juegos mecánicos, un hotel, una galería de arte y más, son estos ámbitos recurrentes donde sus personajes están en un limbo atemporal, o buscando a una persona extraviada, o atravesando un duelo personal.
Otro video juego que utiliza los espacios abiertos, es Portal del 2007, el mismo Parsons ha admitido que este ha sido una inspiración para la película de Backrooms, ya que solo observamos a un personaje en primera persona, intentar llegar de un punto A → B con la ayuda de un dispositivo/arma que le ayuda justo a eso, transportarse entre dimensiones.
Pero sin duda una de las mayores referencias a espacios liminales, ha sido el MOD My House para DOOM II, que como lo dice su nombre, inicia dentro de una casa, aparentemente vacía, y después se va progresando a otro tipo de espacios liminales, como un aeropuerto, un kínder, un parque nocturno, un laberinto oscuro, entre más lugares fuera de lo común para un video juego de este tipo.
Quien desarrolló este nivel gratuito, al parecer tuvo inspiración en un libro publicado a inicios del año 2000, y que también habla de lugares liminales, House of leaves, del autor Mark Z. Danielewski.
Este título escasea para conseguirse en español y es considerada una obra de horror y metaficción, ya que todo sucede en diferentes espacios y cronologías, que se van interconectando.
Poniendo atención, estas atmósferas anacrónicas, vacías o que podrían tener falta de verosimilitud, se pueden encontrar en diferentes instancias, cualquier escenario que haya sido fabricado por el raciocinio humano o que emulan una realidad que sabemos que no es natural, podría ser un espacio liminal.
El Backrooms de Kane Parsons
Los elementos que construyeron al meme y su mito detrás, solo fueron tomados por Parsons para crear una película que no solo es fiel a lo que salió de 4chan, si no que además expande esta leyenda urbana y le da una tridimensionalidad, los Backrooms cobraron vida en pantalla.
Pero además hay claros guiños hacia la realidad, lo cual hace que esta experiencia sea más aterradora.
No es fortuito que el personaje principal, Clark, sea afrodescendiente y tenga una mueblería que nadie visita, recordemos que el espacio de donde partió la foto original, fue una mueblería en el siglo XX y no solo eso, en los 2000 existió un negocio igual, donde la cara frontal era un hombre del mismo color de piel que el protagonista de Backrooms.
En Montgomery, Alabama, Sammy Stephens regenteó Flea Market Montgomery, una tienda de todo tipo de muebles para el hogar, y cuando lanzó un anuncio publicitario de la tienda con una canción pegajosa de rap, se volvió la sensación viral de internet en el 2006.
Al ver las tonalidades de color de este anuncio, es ineludible pensar en Backrooms de Parsons, es más que una clara referencia, que el mismo director ha confirmado en entrevista con el canal de YouTube Dead Meat.
«Está ahí, está ahí. Revisamos muchas cosas y terminó estando ahí (en la película) si fue una decisión consciente, es algo que estuvo ahí, detrás de las cámaras en este proyecto»
afirmó el cineasta de 20 años.
El 18 de agosto Parsons liberó la escena adicional
Everything must go en su canal de YouTube, que fue incluida en un corte extendido estrenado en cines; a menos de 24 horas, el video ya había amasado más de un millón de vistas.
Entre las cláusulas que Parsons logró en el contrato del estudio fílmico A24 antes de hacer el filme, es que no tiene ninguna restricción de seguir haciendo sus videos con esta temática en el sitio de videos de Google, puede lucrar con esta propiedad intelectual precisamente porque es de dominio Público, al no haberse registrado y salido de una publicación anónima en internet.
Guardando las proporciones, es algo similar a lo que logró en su momento George Lucas cuando hizo Star Wars con la 20th Century Fox en 1977, él aceptó que le redujeran el salario como director, pero pidió claramente todos los derechos de mercadotecnia de la franquicia, y de ahí es que obtuvo su fortuna.
La visión de Parsons y cómo acrecentó la ficción de este mito, ofrece una complejidad que es símbolo de su presente, porque la película presenta una versión dismórfica de las cosas o personas que entran a los backrooms, algo similar a lo que pasaba con las primeras pruebas de Inteligencia Artificial en 2021, porque esta herramienta digital no entendía (y sigue sin entender) claramente lo que se le estaba pidiendo, las inteligencias carecían de un real entrenamiento profundo de nosotros como seres humanos y nuestro entorno.
Dicho sea de paso, recientemente A24 firmó un acuerdo con Google y su apartado DeepMind, para desarrollar herramientas que ayudarán en el detrás de cámaras al momento de rodar una película, como el hacer guiones gráficos con la implementación de estos algoritmos; Parsons de este trato ha mantenido una postura renuente y bastante definitiva.
«Si pudiera chasquear los dedos y hacer desaparecer la Inteligencia Artificial generativa para siempre, probablemente lo haría. Creativamente, no disfruto en absoluto usando esas herramientas. Para mí, eso anula por completo su propósito»
compartió al diario The Australian en junio pasado.
Esta opinión es algo que sorprende para un joven de su edad, que creció fuera del estrato común de su generación; por mencionar algo diferente, él vio El proyecto de la Bruja de Blair (1999) cuando apenas tenía 10 años, algo que en definitiva se puede notar como influencia en su forma de narrar.
Los backrooms ¿serán una representación del inconsciente? El realizador ha explicado que él sabe que padece de estrés crónico -no diagnosticado- y admite que este proyecto viene de la exploración de un pensamiento existencial, o el miedo a lo desconocido que le puede llegar a invadir, como a cualquier otro ser humano.
«A la gente le gustan los Backrooms porque es un espacio intrigante, como caminar dentro de un sueño» platicó el cineasta en el canal de YouTube, Smosh Alike en noviembre del 2024.
Parsons ha descrito en varias ocasiones, que él sabe cual es el final de la travesía de esta ficción que él ha creado, lo que le importa es narrar el camino para llegar hasta ese punto definitivo sin retorno.
Por ahora, el director disfruta de este empuje viral, por mostrar un aspecto del género de horror que hacía décadas no cautivaba de manera diferente; algo similar a lo que logró Shane Carruth con Primer en 2004, al mostrar una película de ciencia ficción de bajo presupuesto, en donde un grupo de amigos experimentan con el desfase tiempo/espacio.
Sin embargo Carruth después de su debut cinematográfico no volvió a tener repercusión en la industria cinematográfica ¿cuál será el camino que le depara ahora a Parsons?
«El horror, el horror»
En la cotidianeidad, en los recuerdos infantiles, en los paseos de tiempos pasados, tengo presente el haber estado en un inmenso fraccionamiento que era la élite para jugar golf en Texas en los años 90.
Ese lugar de abolengo era paradisiaco para cualquiera que nunca hubiera visto algo similar, sin embargo había una extrañeza en todo aquello, era demasiado bello para ser verdad, para permanecer estático a la eternidad.
Cuando regresé alrededor de 7 años después, eso que fue construido por la mano del hombre, era decadencia absoluta: la Casa Club abandonada con el agua enmohecida en la alberca principal, sus calles de asfalto ahora cuarteadas por el sol, los campos que alguna vez fungieron con 18 hoyos, eran amarillos y faltos de verdor.
Y así, he recorrido escuelas en silencio, edificios abandonados, centros de convenciones solitarios, jardines y cementerios, aeropuertos en la madrugada, donde el tiempo se detiene y nada sucede, al menos por un instante.
Estos espacios no me inquietan, porque en la mayoría de las ocasiones lo que busco es paz y la soledad, y creo que eso mismo es por lo que le resultan incómodos a la gente, porque todo el tiempo necesitan el bullicio y el estar en compañía de alguien, porque no saben estar solos, ante los propios horrores de su interior personal.
H.
-El texto que acaban de leer ha sido escrito de forma manual, con una indagación directa en fuentes digitales y literarias en forma física, ninguna Inteligencia Artificial ha aportado información o redacción al mismo-



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