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EL ACORAZADO POTEMKIN: BREVE ANÁLISIS DEL PRIMER ACTO



El Acorazado Potemkin (1925) de Sergei Eisenstein



Después de la realización de su primer film La huelga, Eisenstein se establecería como uno de los directores soviéticos más importantes. El Acorazado Potemkin fue de cierta manera, una obra que conjugaba las escuelas de Vertov y de Kulehov para la creación de una obra sumamente verosímil. Unía la neutralidad de la cámara ojo como un espectador de la realidad y a la vez los “modelos vivos” que humanizaba a la masa-héroe característica de Eisenstein. Todo esto conjugado por su “edición de atracciones” la cual convierte a Potemkin en un tiempo que nunca termina. El film está dividido en cinco actos, sin embargo para este muy breve análisis seleccionaré el primero:Hombres y gusanos.



Un golpe de mar, olas agresivas que arremeten contra las rocas inamovibles, masas revolucionarias en contra de un orden establecido. Se lee una leyendda “El espíritu de la revolución se eleva sobre Rusia..” idea de Trotsky que simplifica la obra de Potemkin. La individualidad se pierde para convertirse en masa y la masa en lucha. Por esta razón el primer acto es el más escencial de la obra , debido a la presencia de la metáfora que se basa la problemática del film; la carne prodrida, el imperio zarista en descomposición. Marineros obligados a limpiar la carne y consumirla, claro paralelismo con la situación politica de aquella Rusia. Se nos muestran en diferentes planos a la tripulación limpiando y manteniendo el barco a flote, sosteniendo la nación en sus hombros para beneficio de otros. Un plano nadir explica la situación gracias a su profundida de campo; en primer plano la oscuridad del interior del barcol, en el medio una reja sobre la que estan los tripulantes y finalmente el cielo. La nación que está libre en pensamiento y atrapada en la opresión. La música y el montaje llevan un ritmo que no es independiente del acto, sino que avanza hasta el final del film sin embargo es sorprendente que desde el primero se note la caracteristica atracción. La fotografía reluce por sus encuadres meramente simbolicos y su juego constante con las sombras, la lucha entre la dualidad.


El acto concluye con un hombre lavando los platos, parece casi obvio que Eisenstein nos adelanta la decisiva del pueblo por remover el Zarismo de Rusia, el hombre ve el plato con la leyenda “danos hoy nuestro pan de cada día” la ironía es gigante. El hombre ha roto el plato, Potemkin comienza la revolución.


Por Demián Torres

Alumno de Teatro UNAM


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