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LAS DORADAS MANZANAS DEL SOL

Por Raúl S. Martínez


*Busca esta edición en www.planetalibros.com.mx


Por alguna razón que nunca me quedó del todo clara, de niño tenía prohibido ver Los Simpson. Como cualquier restricción en esta vida, la mencionada veda televisiva sólo hizo que mis ganas de sintonizar diariamente aquella gran serie (primero en Azteca Siete y cuando finalmente contratamos un plan de cable relativamente decente, en el canal Fox) se incrementara de manera directamente proporcional.

Si a lo anterior se le añade que mi mejor amigo de la primaria veía cada noche el episodio de turno sólo para llegar al otro día a comentarlo en clase, la verdad es que los esfuerzos parentales por alejarme de la creación de Matt Groening sólo resultaron en una redundante pérdida de tiempo.



De alguna u otra forma, cada tarde me veía los episodios y así garantizaba mi participación en la tertulia llevada a cabo durante la jornada escolar posterior.

Me parece, porque he compartido este hecho con amigos y conocidos, que la norma era que los padres de la generación ¨¨Y¨¨ , prohibieran a sus vástagos, que crecimos durante la década de los ochenta y noventa, al menos una de las series y películas que formaban parte de la oferta en cuanto a contenidos propia de nuestra época. Para algunos fue Dragon Ball, para otros Pokémon, algunos más habrán sido alejados de He-Man o los Thundercats (¿quién podría refutar en aquellos días que Mumm-Ra era simplemente satánico?) y volviendo al tema, en mi particular caso, Los Simpson.


Nunca me quedó completamente claro por qué, aunque ciertamente le daba poca importancia. Para un niño creciendo en provincia durante la época en la que el PRI era la definición misma de partido hegemónico, Los Simpson siempre fue un gran primer acercamiento a muchísimos elementos de la cultura popular.

De entre todos los episodios de las primeras dieciséis temporadas -abandoné la tradición de verlos diariamente al entrar a la preparatoria y tampoco recuerdo exactamente por qué-, La casita del Horror; el especial de Halloween, era particularmente anticipado por mi grupo de amigos, ya que homenajeaba muy a su estilo no sólo clásicos del cine como Poltergeist o El Resplandor, también hacía lo propio con maravillas de la literatura como las narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe e incluso con uno de los mismísimos padres fundadores de la Ciencia Ficción: Ray Bradbury.





La casita

del horror V transmitida originalmente en octubre de 1994 y que yo sintonicé algunos años después gracias a la magia de las repeticiones en televisión abierta, incluye el que sigue siendo uno de mis segmentos favoritos hasta hoy: Castigo y tiempo (llamado Time and punishment en inglés jugando una vez más con referencias a otro clásico de la literatura).


Homero crea por accidente una máquina del tiempo y viaja a la época en la que los dinosaurios dominaban la Tierra. Después de alterar el pasado de diferentes formas, incluido matar a un tiranosaurio de un estornudo, y volver a su propia línea temporal sólo para darse cuenta de que esta ha sido modificada acorde a su torpeza, Homero decide repetir el ciclo en su afán por volver a la normalidad, conformándose al final con una realidad casi como la recordaba. El segmento, de menos de diez minutos de duración, es un hermoso y divertido homenaje a uno de los tópicos más relevantes de la Ciencia Ficción: la posibilidad y las consecuencias de los viajes en el tiempo. Más específico aún, la inspiración para el episodio viene de uno de los más bellos y trascendentes cuentos de Ray Bradbury: El ruido de un trueno.


Incluido en la antología Las doradas manzanas del sol publicada originalmente en 1953, el cuento narra cómo gracias a los servicios de Safari en el Tiempo S.A., ahora es posible viajar a la época de los dinosaurios y cazar impunemente un Tiranosaurio Rex, siempre y cuando se respeten las estrictas reglas que evitan que los más mínimos cambios en el pasado colapsen nuestro presente. La premisa, sencilla, divertida pero también profunda por el sinfín de probabilidades que plantea, es a mí parecer una de las primeras manifestaciones de lo que hoy habita la cultura popular desde Volver al Futuro hasta Avengers: Endgame, pasando por Terminator e incluso Hot Tub Time Machine: el mito de las paradojas temporales.


La antología, de veintidós historias en su edición original, incluye no sólo cuentos de Ciencia Ficción, también de Fantasía e incluso Terror, géneros en los que Ray Bradbury se desempeña de manera magistral, muchas veces borrando las líneas divisorias entre dichas categorías. A pesar de no ser tan popular como Crónicas Marcianas o El hombre ilustrado, Las doradas manzanas del sol posee varios de los textos más hermosos y relevantes para quienes quieren adentrarse en la mente del buen Ray Bradbury y conocer más de la obra de quien nos advirtió mucho antes que el sabio abuelo Abe Simpson que “y si algún día llegas a viajar en el tiempo, no toques nada”.



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