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EL COLOR DE LA MAGIA

Una novela "hilarante y ligera pero que a la vez contiene profundas reflexiones en clave de comedia sobre las sociedades contemporáneas"



Con la llegada de The Sandman a Netflix, en cuya adaptación de novela gráfica a serie estuvo involucrado su autor, Neil Gaiman, no pude evitar recordar al gran Sir Terry Pratchett OBE (1948-2015) con quien Gaiman colaboró a principios de los noventa para traernos la hilarante novela Good Omens, The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch también adaptada para la televisión por Gaiman en 2019 y de la que, espero, escribir en alguna otra ocasión.

Pero mientras eso sucede, decidí dejarme llevar por los recuerdos hasta la primera novela de Sir Terry que llegó a mis manos casi por accidente durante la adolescencia y que también es la primera en la aclamada serie del Mundo Disco a la que Pratchett nos transportó en 1983: El color de la magia.





En un distante conjunto de dimensiones de segunda mano, la Tierra, que es plana, surca el cosmos sobre cuatro elefantes que a su vez se posan elegantemente en el caparazón de la Gran A’Tuin, la tortuga estelar. En dicho mundo la magia y los dioses son reales pero también los impuestos y, aunque le cueste trabajo comprender al dueño del Tambor Emparchado, una de las tabernas del Mundo Disco, también las pólizas de seguro.


Es en Ankh-Morpork, una de las ciudades más sobrepobladas y absolutamente contaminadas de todo el Disco (cualquier parecido con la hermosa Ciudad de México es mera coincidencia) que conocemos a Rincewind, un hechicero tan fracasado e incompetente que es incapaz aun de crecer su propia barba. Además, sólo conoce un hechizo. A pesar de su nulo talento, es apuntado como guía y protector de Dos Flores, el primer turista de todo el mundo; un ingenuo visitante proveniente del imperio Agatea que quiere disfrutar sus vacaciones y de la absurda tasa de cambio que lo vuelve prácticamente millonario en la gran ciudad.


Pronto las cosas se complican y para salvar sus vidas, ambos personajes deben abandonar Ankh-Morpork, que ahora yace consumida por las llamas. Lejos de su hogar, el hechicero y el turista emprenden un viaje que los llevará a través de distintas y absurdas ciudades del Mundo Disco hasta su borde mismo, siendo simples fichas de un juego de magnitudes celestiales y que intenta encontrar la respuesta para una de las más profundas preguntas teológicas de ese universo: ¿Cuál es el sexo la Gran A’Tuin?


En la primera novela de una prolífica saga (41 novelas en total), Sir Terry Pratchett nos presenta al Mundo Disco y a varios de sus habitantes, entre ellos Rincewind, a quien volveremos a ver en algunas de las historias posteriores. Pero también nos presenta un mundo en el que a pesar de estar plagado de colorida magia, dioses egoístas, ingenuos turistas, espadas parlanchinas y taberneros ignorantes; resulta necesario un sistema de gobierno cuasi tiránico, liderado por un hombre tan pragmático que cree que si va a existir crimen, es mejor que esté organizado y una universidad donde a los jóvenes se les enseña a dominar sus poderes arcanos pero les son prohibidas las maravillas del sexo.





Un texto hilarante y ligero pero que a la vez contiene profundas reflexiones en clave de comedia sobre las sociedades contemporáneas y personajes históricos, así como homenajes a mitos y leyendas de Europa y varias partes del mundo.


Una buena novela para empezar a adentrarse en el delicioso universo creado por Pratchett, aunque no el primer paso por necesidad, ya que el resto de las historias suelen ser auto conclusivas, tratando con personajes y problemas propios.


Sin duda alguna extrañamos el genio de Sir Terry Pratchett, quien en El Color de la magia nos enseñó, entre muchas otras cosas que turista, definitivamente significa idiota.


Por Raúl S. Martínez

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