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CIUDAD DE MUERTOS: CUANDO LAS FOTOGRAFÍAS DE LA MUERTE VUELVEN A LA VIDA

Foto del escritor: Kary Vazquez
Kary Vazquez
hace 4 días
3 min de lectura

Ayer, 26 de octubre, dio inicio el Espanto Film Festival en la Biblioteca de México, con la proyección inaugural de Ciudad de muertos, la nueva película del director mexicano J.M Cravioto. Sí, el mismo realizador de Autos, mota y rocanrol, una de las producciones más reconocidas en los Premios Ariel 2026, y de Olimpia, película que nos acercó al movimiento estudiantil del 68 con un poco de animación.


Egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), ahora ENAC, Cravioto ha mostrado un interés particular por recuperar episodios y personajes que forman parte de la memoria de México. Lo hizo con el Festival de Avándaro, con el movimiento del 68 y ahora con una figura que econtró belleza, horror y humanidad en uno de los terrenos más inquietantes de nuestra historia visual: Enrique Metinides, el célebre fotógrafo mexicano de nota roja.


Durante décadas, Metinides recorrió las calles de la Ciudad de México documentando accidentes, crímenes, incendios y tragedias para publicaciones como La Prensa. Sus fotografías, muchas de ellas convertidas en portadas de periódico, trascendieron el registro periodístico gracias a una extraordinaria sensibilidad para la composición, la luz y el instante preciso.


En sus imágenes, la muerte no aparecía sola. También los curiosos, los testigos, las miradas de desconcierto, los gestos de dolor y una ciudad que continuaba su marcha incluso frente a la tragedia. Metinides logró convertir el caos cotidiano en imágenes de una fuerza visual tan poderosa que su obra terminó por encontrar un lugar más allá de las páginas de la nota roja, incluso en museos y galerías internacionales.


¿Pero qué sucede cuando alguien que ha pasado su vida fotografiando la muerte comienza a ser perseguido por sus propias imágenes?


Esa es una de las inquietudes que atraviesan Ciudad de muertos, un thriller psicológico de ficcion inspirado en la figura del fotógrafo mexicano, donde los recuerdos, las obsesiones y los fantasmas de una profesión se convierten en parte del conflicto del protagonista.


La película que llegará a salas comerciales este 29 de octubre, está filmada en blanco y negro. Sin embargo, su mayor atractivo no está solamente en esta decisión estética, sino en la manera en que consigue trasladar a la imagen cinematográfica algunas de las composiciones más reconocibles del universo fotográfico de Metinides.


Es como si aquellas fotografías detenidas en el tiempo volvieran a respirar.


La cámara recupera encuadres , atmósferas, contrastes y disposiciones de los cuerpos que evocan con notrable precisión el trabajo de "el niño". Lo que antes era un instante congelado ahora adquiere movimiento, profundidad y duración. Y quiza ahí radica uno de los mayores logros de la película: no limitarse a reproducir fotografías, sino intentar imaginar la vida que existía antes y después de que fueran tomadas.


Buena parte de este resultado se debe al extraordinario trabajo del director de fotografía Diego Tenorio, quien enamora con su trabajo en La paloma y el Lobo, así como en Tótem. Su mirada vuelve a demostrar que la fotografía cinematográfica no consiste únicamente en producir imágenes bellas, sino encontrar una forma visual capaz de transmitir sensaciones, emociones y estados mentales.


En Ciudad de Muertos, la luz, las sombras parecen tener vida propia. Hay composiciones de una belleza inquietante, momentos que rozan lo onírico e imágenes que , por instantes, parecen acercarse más a la poesía visual que al relato convencional. La oscuridad revela. Y los rostros, los cuerpos y los espacios adquieren una presencia que permanece en la memoria del espectador.


Si algo merece destacarse de esta película es precisamente esa capacidad de convertir la fotografía fija en una experiencia cinematográfica, de hacer que las imágenes de Metinides encuentren una segunda vida a través del ojo de Tenorio.


Ciudad de muertos es una ficción, no un documental sobre Enrique Metinides y conviene acercercarse a ella desde esa libertad creativa. Pero también puede ser una excelente oportunidad para descubrir o volver a mirar el trabajo de uno de los fotógrafos más singulares del siglo XX. Sin duda para quienes disfrutan de la fotografía, la composición visual y el lenguaje cinematográfico, vale mucho la pena verla.


Kary Vázquez


 
 
 

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