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¿TERROR SOCIAL QUEER? LEVITICUS: RITUAL DE SANGRE, UN FILM QUE NO TE PUEDES PERDER

  • Foto del escritor: Casa Svank
    Casa Svank
  • hace 4 días
  • 2 min de lectura



Hay películas de terror que buscan asustar con monstruos. Otras, en cambio, nos recuerdan que los verdaderos demonios suelen estar mucho más cerca. Leviticus: Ritual de Sangre pertenece a esta segunda categoría.


La producción australiana construye una historia romántica atravesada por el horror religioso, tomando como punto de partida uno de los episodios más oscuros de la historia reciente: las llamadas terapias de conversión. Durante años, estas prácticas intentaron corregir aquello que nunca necesitó ser corregido, dejando a su paso generaciones marcadas por la culpa, el miedo y la violencia institucional.


Desde sus primeros minutos, la película consigue algo particularmente interesante. La relación entre sus protagonistas recuerda, de manera inesperada, a antiguos relatos donde la admiración, la rivalidad y el deseo parecen confundirse. Resulta difícil no pensar en Gilgamesh y Enkidu, los legendarios personajes de la epopeya mesopotámica, cuando vemos a estos dos jóvenes encontrarse inicialmente a través de la confrontación física. Los golpes funcionan como lenguaje; la fuerza como una forma de acercamiento. Pero pronto descubren que existe algo más profundo detrás de esa violencia aprendida.


Uno de ellos es Ryan, carismático y rebelde; el otro, Naim, recién llegado a un pequeño pueblo construido alrededor de una refinería. Aislados en una comunidad profundamente conservadora, ambos comienzan una relación secreta que encuentra refugio en una vieja bodega abandonada. Desde el inicio, ese espacio parece anunciar su destino: un lugar que funciona al mismo tiempo como refugio y prisión.


La puesta en escena refuerza constantemente esta sensación de encierro. Las estructuras industriales dominan el paisaje mientras los personajes parecen cada vez más atrapados entre los límites físicos del pueblo y las normas morales de la comunidad que los rodea.


Todo cambia cuando los instintos de Ryan y otro joven del pueblo quedan al descubierto. La denuncia ante las autoridades religiosas desencadena una supuesta ceremonia de sanación que pronto se transforma en algo mucho más perturbador. A partir de ese momento, el relato abandona cualquier pretensión de realismo para adentrarse de lleno en el horror sobrenatural. Una maldición cae sobre los protagonistas: si siguen sus impulsos y continúan amándose, podrían terminar destruyendo aquello que más desean proteger.


Lo fascinante de Leviticus: Ritual de Sangre es que utiliza los códigos del cine de terror para hablar de algo mucho más humano. La verdadera pregunta no es si existe o no una maldición, sino qué ocurre cuando una sociedad convierte el amor en pecado y obliga a las personas a enfrentarse a sí mismas.


Entre romance, horror corporal y crítica social, la película construye una experiencia incómoda y profundamente trágica. Una historia donde los monstruos no siempre llegan desde la oscuridad, sino desde las instituciones que aseguran actuar en nombre del bien.

Si quieres descubrir cómo termina esta historia de pasión, culpa y supervivencia, tendrás que verla por ti mismo.


KVCH


 
 
 

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