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LA ODISEA ILUSTRADA, LA REVITALIZACIÓN DE UNA OBRA HISTÓRICA 

  • Foto del escritor: Kary Vazquez
    Kary Vazquez
  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

Por Jesús Chavarría

@jchavarria_cine


“Hay clásicos que trascienden los siglos y en complicidad con la sensibilidad de los artistas contemporáneos se reinventan para los lectores. Este es uno de esos épicos casos.”



Cuando se enfrenta por primera vez un texto de la envergadura de La Odisea, con toda la trascendencia literaria que, durante casi treinta siglos, le ha concedido el tratarse de un texto de naturaleza épica donde con base a los mitos populares la fantasía comulga a la perfección con el retrato cultural, haciendo que lo inverosímil adquiera grados de realidad y viceversa; muchas veces se puede tener la impresión de estar ante una gigantesca, inexplicable e infranqueable criatura como las que el mismo protagonista enfrenta -dígase cíclopes y otros monstruos- durante su  tormentoso regreso a casa tras haber perpetrado el saqueo de Troya y luego de hacer enfurecer a Poseidón.


Es una primera impresión que se ve reforzada por lo extremadamente tradicional del formato en verso con el que fue escrita, y que ciertamente puede resultar un tanto ajena a estas alturas; pero que sin duda también es algo equivocada. 


Basta con dar un vistazo a las primeras páginas sobre este recorrido que va por parajes del Mediterráneo y algunos escenarios míticos como el mismísimo Hades, hasta convertirse en el viaje de autodescubrimiento de un héroe cuyo ingenio es la herramienta que le vale sortear toda clase de pruebas y designios divinos; para ser seducido por la bella complejidad narrativa donde las historias dentro de las historias que incluso confrontan al personaje con sus distintas versiones, dan como resultado profundas reflexiones que le empujan al crecimiento como persona. 


Sin embargo, para quienes a pesar de ello aún pudieran tener dudas de embarcarse en la epopeya de leer lo que se plantea como diez años de andanzas entre cíclopes y monstruos marinos cargados de tragedia o destinados a detonar la fatalidad, y bajo la omnipresencia de Dioses desconcertantes y vengativos; existe esta maravillosa versión titulada La Odisea ilustrada, la cual sin perder un ápice del ímpetu por la exaltación de hazañas del ser humano sobreponiéndose a múltiples vicisitudes, es adaptada en prosa por la escritora e investigadora Carmen Estrada, agilizando así el trayecto con una reestructuración que se concentra en la línea argumental principal encauzando las múltiples voces de Odiseo -también conocido como Ulises-, ya sea como narrador de acontecimientos en los que no participa directamente o relatando sus jornadas en primera persona, para evidenciar las capas del drama personal potenciándolo como un proceso que alimenta mente y alma.


En cuanto a los pasajes correspondientes a personajes secundarios, a la remembranza de anécdotas ya incluidas en páginas previas o a situaciones que no dependen de la extensión para incidir en la trama, como cuando refieren la Isla de Calipso o la realización del Consejo de los Dioses, no se resumen de manera simple y arbitraria, sino que se diseccionan para mantener los puntos medulares de la acción y los rasgos específicos de contexto e idiosincracia que son parte del valor antropológico de la obra. Un mecanismo que es depurado a través del su formato al diferenciar dichos párrafos en cursiva.


Todo, además viene acompañado con las ilustraciones del artista español Miguel Brieva, cuyo estilo caracterizado por reinterpretar con marcados afanes satíricos la tendencia estética redundante de la revolución publicitaria de consumismo aspiraciónal de los 50s, se alinea al rigor de la sobriedad del registro histórico visual para apuntar a la ironía de la muerte y el patetismo, oscilando entre imágenes a páginas completas donde el color explota con un muy disfrutable impulso lúdico, y viñetas en composiciones de tipo vitral. 


Pero lo mejor, es que el trabajo del artista posee el suficiente sentido dramático a la hora de contrastar lo multitudinario, con los cuadros a detalle que dan fe de los usos y costumbres en visiones de los banquetes, concilios, charlas íntimas, batallas y juegos, para no estacionarse en lo complementario y ofrecer una especie de cómic que por sí mismo podría relatar los episodios más importantes. 


De tal modo es que esta síntesis lejos de ser una simple herramienta para diluir la obra original, es un traslado que derriba prejuicios con respecto a una primera lectura incentivando a ampliar luego la experiencia de acercarse a la obra completa, además de que se enriquece a nivel estético volviéndole tan atractiva para quienes quieran reencontrarse con La Odisea, como para los que gusten de disfrutar un enfoque distinto del trabajo de Miguel Brieva. 



 
 
 
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